Fuente: ROCKFM
Parece que fue ayer, pero ya han pasado 40 años. El álbum debut de Cinderella, ‘Night Songs’‘, celebra su cuarenta aniversario, y la historia detrás de este clásico del glam metal es de las que merecen ser contadas. No todos los días una banda es descubierta por una megaestrella como Jon Bon Jovi y su primer disco es grabado por un ingeniero que trabajó con Led Zeppelin. Una carambola cósmica que definió el sonido de una época.
EL OJO CLÍNICO DE BON JOVI
A mediados de los 80, Jon Bon Jovi ya era una figura consagrada, pero su ojo para el talento seguía bien afilado. Fue él quien, según se cuenta, vio a Cinderella en un garito y supo que ahí había madera. No solo les consiguió una audición, sino que su apoyo fue clave para que la banda de Tom Keifer firmara su primer contrato discográfico. Un gesto que cambió para siempre la historia del hard rock de la década.
UN SONIDO CON PEDIGRÍ ZEPPELIN
Pero el empujón de Bon Jovi no fue el único factor de suerte. Para la grabación de ‘‘Night Songs’‘, la banda contó con los servicios de Andy Johns, un ingeniero de sonido legendario que había trabajado, ni más ni menos, que con Led Zeppelin. Esta colaboración fue crucial para forjar la identidad de Cinderella, un sonido que mezclaba la fanfarronería del hair metal con unas profundas raíces de blues rock, algo que los distinguió del resto de bandas de la escena.
NOVATOS EN EL ESTUDIO
A pesar de tener a estos padrinos de lujo, la banda no lo tuvo todo hecho. El propio Tom Keifer ha confesado la inexperiencia del grupo en aquella época. «Al llegar a ‘‘Night Songs’‘ éramos bastante novatos en el estudio y eso es una curva de aprendizaje completamente diferente», admite el líder de Cinderella. Esta sinceridad demuestra la humildad de una banda que, a pesar de su juventud, supo estar a la altura del reto y entregar un álbum debut para la historia.
Al llegar a ‘Night Songs’ éramos bastante novatos en el estudio y eso es una curva de aprendizaje completamente diferente»
Hoy, 40 años después, ‘‘Night Songs’‘ no solo sigue sonando atronador, sino que se erige como un monumento a una época en la que los sueños de rock and roll, a veces, se hacían realidad de la forma más inesperada. Un disco que demostró que, incluso en la era del glam y la laca, el blues seguía siendo el alma de la fiesta.
