Laura Branigan perdió súbitamente la vida mientras dormía en su casa de East Quogue, en la península de Long Island (cerca de Nueva York), el 26 de agosto de 2004, a causa de un aneurisma cerebral. Su padre y su abuelo paterno habían muerto por la misma causa.
Mark Branigan, su hermano, agregó que la cantante le había dicho a un amigo cercano que durante las últimas dos semanas sufrió dolores de cabeza, pero que no había buscado atención médica.
Fue incinerada, y sus cenizas se esparcieron sobre Long Island Sound (Nueva York).
Hacia el 2005, sus seguidores abrieron un memorial en la casa en la que Laura había vivido con su madre, a quien cuidó meses antes de su muerte. En lo que se convirtió en un evento anual, se reunieron nuevamente, en 2006, sus seguidores, y así conmemoraron su vida y su legado artístico. La conexión y empatía con sus fanes llevó a Laura a aseverar, al referirse a ellos, como «su otra mitad».
